martes, noviembre 04, 2008

Manillas y buena energía

Por Vanessa Cantillo Mosquera
Oct 16/ 08

El día amanece y ella como una madre juiciosa, se levanta. Prepara todo para el nuevo día. Arregla a su hijo para llevarlo al jardín, -cuando este no se queda con su padre en casa-, luego regresa al lugar donde están viviendo para recoger las artesanías que fueron hechas la noche anterior e irse mochila en mano con todo el “plante” a venderlo.

La rutina de trabajo, o de rebusque, empieza a eso de las diez de la mañana. Serializadas manillas, de diversos colores, diferentes materiales, encargos y las denominadas de la buena suerte son las que lleva consigo.

Nos montamos al bus de Costa Azul, la ruta de Puerto Colombia que nos lleva hasta la Universidad del Norte, que es donde ahora tiene su “parche”. Llegamos, abrimos el paragüitas con los collares y aretes, y ella saca algunas cosas que tiene que terminar.

Todo consiste en quedarse ahí, tener un trato muy amigable con la gente, ofrecer los productos, y regalar las manillitas de la buena suerte, que algunas veces van acompañadas de un “cualquier moneda es cariño”, que contribuyen bastante al bolsillo.

Debajo del imponente sol de la alta mañana, entre una mezcla de fogaje con algo de brisa, nos ubicamos en una escasa sombra que dan las leves ramas de los árboles. Neyis espera con una sonrisa y palabras de ánimo, paz y amor, a los estudiantes que salen de sus clases.

Cuando acosa la sed, un jugo de naranja de las ventas que están detrás de los paraderos de buses, es lo más indicado para calmarla. Ella trata de gastar lo menos posible el dinero para llegada las dos de la tarde –hora a la que casi siempre se va- tener una buena cantidad y poder irse tranquila a casa.

Algunos estudiantes se acercan no sólo a mirar o comprar artesanías si no a entablar conversaciones. Unos hablan largos minutos con Neyis, la conocen hace tiempo y hasta preguntan por su hijo, Juan José.

Trato de hacer mi propia bienvenida, en eso también se diferencian las personas que trabajan en esto, o lo hippies como suele llamárseles, si bien las personas son diferentes igualmente sus trabajos. Ella para acercarse a alguien casi siempre dice “bienvenida guerrero(a)…ven te regalo la manilla de hoy. Pide tu deseo. De amor, erótico, bienestar, nada de maldad, piense en cosas buenas, ningún mal a nadie. Buena energía.”

Es sólo trasmitir frases agradables. Como cualquier negocio, el vendedor dice lo que el comprador quiere escuchar. Es saber vender. Es ofrecer agradablemente los collares, pulseras, aretes y dijes.

Me enseña entonces a hacer las manillitas, las que se obsequian, las que cada día son de colores diferentes, que algunos coleccionan es sus muñecas, y cuando pasan llegan en busca de la del día, extendiendo sus brazos para lucirlas gustosos en sus muñecas.

Pasan las horas. El ambiente está agitado, congestionado, es la salida de clases. Vamos y ofrecemos lo que hay para vender. Vendemos algunas cosas, cambiamos los cordones de algunos collares por el que quieren, colocamos broches, y se obsequian casi todas las manillas de los deseos.

A más de las dos de la tarde recogemos y guardamos las cosas. Compramos dos jugos de naranja y caminamos para coger el bus que nos llevará de vuelta a casa de Neyis. Me despido. Ella quizás vea algo de televisión o tal vez haga taller para salir por la tarde a seguir vendiendo, o simplemente se eche un sueño y se relaje para recargarse de su buena energía.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Sabes transportar a le gente hasta los sitios q describes en tus letras.
Hasta me dieron ganas de tomarme tambien un jugo de naranja...

Vane dijo...

Jajajjaja... pues si te dieron ganas deberias hacerlo
Saludos!