Por Vanessa Cantillo Mosquera
“Tati tenía el sentido de la comedia porque tenía el sentido de la extrañeza”
Jean Luc Gordard
El tan esperado material de la Embajada francesa había llegado. Era la colección de las películas más importantes de Jacques Tati, aquel actor, cómico y director de cine de ascendencia rusa, amante del sonido, que en vez de Tatischeff, su apellido real, era conocido por uno más corto y sonoro: Tati.
Era el gran momento y no podía dejarse pasar por alto, así que dejamos atrás el ciclo de ciencia ficción que estaba programado desde comienzo de año por el de comedia con Tati, el cual incluía sus primeros cortometrajes y cuatro películas: Jour de fête, Les vacances de Mr. Hulot, Mon oncle y Play time.
Al fin y al cabo fue una muy buena decisión. Sino que lo diga el público…
Risas y más risas
La sala explotaba en carcajadas y sólo se alternaba con el silencio impávido y los ojos bien abiertos de quienes observaban con expectativas las acciones de Mr. Hulot.
Entre secante y extraño se escuchaba algún sonido constante característico de las películas de Tati, como los tacones de las mujeres o el chirrido de las puertas, intercalándose con las risas de los presentes en la sala.
Jóvenes, adultos y chicos disfrutaban de una comedia ante no vista por ellos, ni en cine y mucho menos en televisión.
Pero no todo fue risa
Luego, como quien no quiere la cosa, o tal vez como la querría Tati, muy sutilmente los fue sumergiendo en el fondo y no en la forma, las comedias contenían una crítica evidente, las cuales no podían perderse.
Y así como les hizo reír también les hizo hablar. Sobre el capitalismo o “los americanos” -como lo menciona el cartero en Jour de fête- y su influencia, de tecnología, comedia, de los gags visuales, del sonido, del decorado y los espacios, en fin un poco de todo, hasta dio para rememorar historias similares.
Quién sabe cómo habría pensado Tati o cómo se imaginaría a los espectadores apreciando sus films. Alguien había mencionado anteriormente que él no subestimaba al público y consideraba al espectador alguien inteligente, creo que después de ésta oportunidad no cabe duda de eso.
Sin más que decir, creo que alguien recordará la Tati ville, por haber sido testigo de la celebración de Saint Sévère y disfrutar junto a François, el cartero, su periplo de imitación con miras de superación del sistema de correo estadounidense, por haber vivido las vacaciones que nunca habían tenido los huéspedes de los termales de la Costa Atlántica con el señor Hulot, o por imaginarnos como un Gérard en la moderna y organizada casa que nos aburre y hace tan insípida nuestras vidas, entonces recordaremos al tío soñador y fantasioso que tenemos, al tío Hulot.
Y si de viajes se trata después haber visto Play Time pensaremos que siempre será mejor conocer franceses como Monsieur Hulot en vez de escenarios parisinos que se parecen al resto de Europa.
…que salía satisfecho y riendo.