viernes, mayo 23, 2008

Nací en la calle






Por Vanessa Cantillo Mosquera

5 de mayo/08*

Son las 3:30 de la mañana de un lunes 31 de marzo de 2008. Es el día de mi nacimiento y próximamente será el de mi cumpleaños. Un aviso telefónico, que pudo haber sido de cualquier persona circundante del sector, avisa a una institución médica que yo ya vendría a este mundo.

Así una ambulancia de la Clínica Campbell, se dispone a socorrer a quien me lleva en su vientre, Maribel Gutiérrez. Una joven de 25 años de edad, habitante de la calle, que todos conocen como “Bazuquita”. Quien hace unos minutos empezó con los trabajos del parto para darme a luz en la esquina de la calle 72 con carrera 47 de la ciudad de Barranquilla.

Casi de la misma forma como sucede con los policías en esta y otras ciudades del país, los especialistas llegaron tarde. Mi madre ya se había encargado de retirarme la placenta y de zafarme de un jalonazo el cordón umbilical que nos mantenía unidos, así que no tuvieron mucho trabajo que hacer.

Ante la pregunta que no he dejado de hacerme desde el momento en que estaba viendo el nuevo mundo al que venia, donde aparte de ser todo extraño para mi, era solo. Nadie más que esa mujer a mi alrededor estaba ahí, haciendo como fuera para sobrevivir y para agarrar la criatura que salía de su vientre. ¿Por qué está sola? ¿Dónde está mi padre? ¿Quién es? Esos mismos interrogantes también se estarían haciendo los primeros en saber la noticia. ¿Quién es el padre? “El papá de mi hijo es ‘Chancletica’”, expresa mi mamá.

Ese señor que ella dice es un taxista que se estaciona todas las noches cerca del Parque de los Músicos, por el lugar donde yo nací. “Él es joven. Él me llevaba de noche a su casa en Puerto Colombia, en el taxi” sigue explicando mi madre a un periodista que la entrevista. Dice además que yo soy producto de los constantes abusos sexuales de ‘Chancletica’, quien le daba todas las noches 4 mil pesos para comer.

Soy su segundo hijo. El primer bebé, o sea el que sería mi hermano, se lo llevó el Bienestar Familiar. Ella está impaciente y preocupada porque “No quiero que me quiten a mi hijo”, dice.

Mientras tanto ambos permanecemos en el centro hospitalario, ella en una de las camas, pidiéndome, “Quiero que me lleven el bebé a la cama para abrazarlo”. “Me hace falta. Quiero dormir acá con él” y yo, apartado de ella, en una incubadora.




martes, mayo 20, 2008

Al “Siempre vivo”…“ya yo le cambié de contexto”




Por Vanessa Cantillo Mosquera
25 feb/08*





De la imagen de un niño surge ese hombre ensangrentado por un machete que le atraviesa la barriga. Su mirada de joven a adulto con ganas de cambiarlo todo, afanado por expresar un asunto social de la forma que sabia y que podía hacerlo, permitió que el cuchillo en el cuello, un hacha pequeña, un serrucho en la cabeza, un pico en la espalda y dos cuchillitos atravesaran los lentes destruyendo sus ojos, que chorreaban de liquido rojo ensuciando un impecable traje blanco que lleva puesto, se juntaran y hablaran, por sí solos mientras él caminaba turbiamente por las calles de la ciudad para decir que el Carnaval no va a desaparecer o sino míreme a mi.

Vanessa Cantillo: ¿De qué idea nace el disfraz?
Carlos Restrepo: El disfraz nace en 1992 cuando el consejo de gobierno de Barranquilla comienza a tratar de acabar con el carnaval por razones de finanzas, sacando un serrucho a los dineros destinados para el carnaval. Es así donde empiezo a sacar el disfraz con el nombre de “Siempre vivo”, haciendo referencia a que el carnaval no iba a morir por mucho que algunos quisieran porque es un fenómeno cultural-tradicional que siempre va a estar vivo. Emerge como una crítica.


Además recordé un personaje que de niño me impresionó por salir atravesado por un machete en la barriga. Lo relacioné, empecé a experimentar y logré hacerlo.

¿Qué es lo más anecdótico que nunca olvidará de los carnavales en los que usted hizo parte?
Ese gran espíritu colectivo que pierde el manejo de la alegría y el desorden, la música de nuestro carnaval que nunca olvidamos aunque estemos en cualquier parte del mundo, en cualquier tipo de religión o en cualquier contexto, uno la siente.

A medida que fue pasando el tiempo le agregó más objetos cortopunzantes al disfraz. ¿Por qué lo hizo?
Para hacerlo más patético, más impresionante.

¿Cómo decide desvincularse del Carnaval? ¿Cómo fue ese proceso?
Desde la perspectiva de creencia. Me metí en la parte de la fe cristiana, comienzo a leer la Biblia y me doy cuenta que hay unas cosas que dentro de la Biblia y del cristianismo no estan de acuerdo con todo lo que conlleva el carnaval, no en sí por el disfraz sino lo que hay detrás de ese mundo del carnaval.

Usted estuvo vinculado como profesor de la facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico. ¿Por qué dejo de dictar clases en dicha institución?
En ese tiempo en la Universidad del Atlántico estaba politizado los nombramientos y yo no comparto ideologías políticas que llevan hacia un mal manejo por eso me aparte de allá. Los intereses, los puestos y los votos estaban relacionados, entonces eso no me cuadro.

¿Cuáles fueron los inicios del grupo el Sindicato?
En 1973 los que integrábamos el grupo el Sindicato, aun no se había formado el grupo pero veníamos trabajando muy unidos porque teníamos el grupo de teatro de la facultad de Bellas Artes y habíamos sido miembros del consejo estudiantil de la facultad, nos unía un compañerismo de estudio, de convivencia, éramos tan entregados al arte que vivíamos casi en Bellas Artes donde teníamos espacios y trabajábamos todo el tiempo en producciones individuales.

Usted ha sido promotor de la cultura empezando desde Barranquilla hasta hablar regionalmente en la Costa Caribe, después que se desvincula de la Universidad su profesión de docente y de artista ¿cómo sigue contribuyendo a la cultura y a la noción artística de la ciudad?
Principalmente creando obras de arte, ejerciendo como gestor cultural y trabajando como director y curador de montaje, de la corporación Arteta y de la Cámara de Comercio. Recientemente realicé los tres montajes del II Festival Internacional del Carnaval de las Artes. Y alternando como docente en el programa de educación artística del colegio INEM, enseñando apreciación artística, pintura y dibujo artístico desde 1997.

¿Cómo vio este carnaval? ¿Qué hizo en esos cuatros días?
Realmente esta vez, este año yo no vi el carnaval. Me dediqué a trabajar en el computador en unos programas sobre apreciación artística, en esos días estuve bajando imágenes de historia del arte y si salí alguna vez fue porque Andrés, mi nieto, me convidaba a ir al parque y nos íbamos caminando hasta la vía 40, que está cerca de la casa, y vimos algunos disfraces pero hasta ahí.

¿Cómo ve la labor de Carnaval S.A.?
Realmente Carnaval S.A. tiene algunas cosas positivas como lo es que ha tratado de manejar los dineros que aporta el Ministerio de cultura y el distrito para el carnaval pero la gran falla es que se ha puesto un fortín burocrático y gran parte de ese presupuesto se va en salarios de empelados que tiene la empresa, al igual que no ha rescatado el sentido popular que ha tenido el carnaval donde mucha gente de sectores populares participaban sin que nadie tratara de conducirlos como ha sido la intención de Carnaval S.A.

¿Qué le espera al “Siempre Vivo” como personaje?
Tomé la determinación desde el punto de vista que iba adquiriendo mis creencias cristianas de que el disfraz no saldría más en el carnaval pero el “Siempre vivo” sí puede salir en eventos artísticos porque ya le di otro contexto pues dejó de ser un personaje carnavalesco a ser un personaje crítico como critica a la violencia en Colombia.



Escrito personal hacía Santa Sangre

Por Vanessa Cantillo Mosquera
mayo 19/08*


Todo empezó un miércoles. Día del cineclub Cinéfilos, dirigido por John, un conocido en una de las tardes de los viernes en la Alianza Francesa, quien luego de una agradable e interrumpida charla de cóctel me había invitado a que asistiera.


Y así fue. Intente y lo establecí en mi horario. Luego de atravesar la ciudad en un bus de Kra 54 y de haber recorrido algunas calles tras haber preguntado, -no se por qué-, si aún no habíamos pasado por el sitio, me tocó bajarme inmediatamente del bus y seguir las indicaciones del amable chofer y emprender una nueva odisea en el apabullado centro de la ciudad hacía la Biblioteca Pública Departamental Meira del Mar. Esa sería la primera vez que la visitaría.



De las veces que había ido al centro, la mayoría de ellas había tenido problemas para ubicarme. Allá, uno siempre tiene que estar a la expectativa más que en cualquier otro espacio, nunca sabe que va a pasar, nunca puede prever nada. En fin, estaba empeñada en llegar al cineclub y tras experiencias anteriores aprendí que dando vueltas en el centro se halla el lugar que es, haciéndote pasar por una prueba más de persistencia. También quería despejar mi mente y que mejor que viendo cine independiente, además de paso dejarle claro a un amigo que aunque fuera en el lugar que era, a las dos de la tarde, en la 38 con 38, yo podía ir; cosa que me ayudo más.

Al llegar encontré muchas sorpresas. Cosas que me hicieron pensar, imaginar y preguntar, inevitables por hacer parte de una novedad, que terminó siendo encantadora. Creí que encontraría un lugar vacío, o con unas cuantas personas, y fue todo lo contrario. Había adolescentes entregando sus maletines para poder ingresar a la sala, mujeres y hombres charlando en las contadas mesas del lado izquierdo de una pequeña cafetería, los del cineclub desocupando el salón que estaba dispuesto para ellos, pues habían instalado otro evento allí, y otros en lo suyo, en sus trabajos.

Un sala, o mejor una bibliosala para niños, recoge toda mi atención y mi andar. Me asomo llevada por el encantamiento de los colores y del decorado. Entro con pasos sigilosos queriendo no sorprender ni entorpecer a nadie. Me encierra una sensación de estar en un mundo diferente, y a la vez de volver atrás, embargándome la nostalgia, recordando momentos de mi niñez y pensar lo que no se piensa cuando se es.

En una de las esquinas del lugar, están dos niños jugando damas, son callados, reacios, a quienes no logro interrumpir de su juego con mis preguntas; otros dos usan dos destartalados computadores para dibujar en Paint, siquiera voltean sus rostros, con caras que se preguntan quién será esa extraña, y me prestan algo atención. Uno de los primero chicos lleva su cabello a la altura de los hombros. ¿Tú eres niña o niño? Le pregunto. Él no responde, no quiere decirme nada, está enfrascado en su juego. Los otros, luego de reírse, me dicen que es niño.

Ojeo los títulos de los libros, hay fábulas, cuentos, hasta versiones animadas de narraciones que se pensarían de un nivel superior para niños, como “El Fantasma de Canterville, de Oscar Wild, él que tomo en mis manos, y sin querer digo un ¡Vaya! en voz alta. Ellos me miran sin entender mi reacción. Una voz algo cantaletosa de una niña me baja de la nebulosa que pasa por mi cabeza. Ella, con ese valor de niño que llora por lo que quiere, irrumpe el silencio del ambiente, con un seño…seño…seño…
Entregándole una hoja y un lapicero le dice “seño toma para que me hagas la carta”. Yo le pregunto carta para qué, “para que mi colegio venga”, me responde. Casi como si hubiera interpretado mi cara se le suelta su lengüita y sigue hablando, “es que yo quiero que mi colegio venga, lo que pasa es que vino sólo los de 4to de la mañana, pero los de la jornada de la tarde, mi curso, no, entonces para que mi seño lea esa carta”. Cómo se llama tu colegio, le sigo preguntando, y para sorpresa mía es el mismo donde yo estudie. Ese colegio, no muy lejos de ahí, donde pasé grandes momentos y construí parte de lo que soy hoy.

Preguntar a la que la niña ha llamaba seño, que no lo era, qué hacen, cómo son las actividades que se hacen para los niños, quiénes los apoyan, se me dio también por pensar en cómo yo podría ser parte en la construcción de esos espacios, y porque no, de un lugar para ellos o para mi, en la medida en que podría acompañar, ayudar y enseñar a los niños que se interesan por ir a lugares como estos, y a la vez aprender de ellos.

Sería contribuir a las cosas y no quedarnos en la quejadera de siempre, poniendo un granito de arena o una montaña completa, que se una a formar parte del valor agregado a la capacidad intelectual de la ciudad y por ende, a la del país.

Y mientras a la niña se le cumple el deseo de que la seño le escriba la carta para venir a visitar la biblioteca infantil con todos sus compañeritos de clase, desmaraño las telarañas de mi cabeza recordando que he venido a por una película, me despido, salgo alegre y gustosa con el propósito de regresar muy pronto, así llego también a mi primer frío y transformador encuentro con Jodorowsky y su Santa Sangre.