martes, noviembre 29, 2011

Retazos de una familia que vuelve a nacer

“Aquí se nace” de Juan Pablo Méndez Restrepo


Por Vanessa Cantillo Mosquera

El 13 de noviembre del 2005, el volcán Nevado del Ruiz erupcionó tras sesenta y nueve años de inactividad. Toneladas de lodo, tierra, piedras y escombros productos de la actividad volcánica arrasaron con el pueblo de Armero, Tolima, ubicado a 50k del volcán.

Alvaro Restrepo Botero, fue uno de los 20 mil muertos de ese día. Después de 25 años de lo sucedido, su familia viaja al pueblo a reconstruir la historia de su ser querido. Esa es la historia de “Aquí se nace” (2011), una historia diferente a las ya contadas sobre la tragedia que se hubiera podido evitar.

Un documental que reconforta a la familia, que crítica al país y a las instituciones, porque a pesar de las advertencias de los  organismos vulcanológicos sobre la aparición de los primeros indicios de actividad volcánica en septiembre de 1985, familias enteras desaparecieron.

"Aquí se nace" busca y une retazos de la familia Restrepo Botero, no sólo utilizando imágenes de archivo de los hechos, de los paseos familiares y fotografías, sino también con cada recuerdo y sentimiento sobre Alvaro y sobre lo que sucedido.

Un trabajo que rememora una desgracia evitable. Una historia familiar, cercana, conmovedora, con un tono poético en ciertas ocasiones, que muestran la ilusión de la vida y la necesidad de contar nuestras historias.  Una terminación del duelo familiar, y a su vez, un homenaje a Álvaro, donde cada miembro de la familia aporta algo, escribe una canción, toca la batería, canta, hace los coros, escribe y dirige el documental o toma clases de tango. “Aquí se nace”  un “historia mínima” de la tragedia de Armero. 

sábado, noviembre 26, 2011

La historia de cualquier mujer

“Karen llora en un bus” de Gabriel Rojas Viera


Por Vanessa Cantillo Mosquera

Hay muchas Karen en Colombia, y por supuesto en el resto del mundo. Pero por qué Karen y no Claudia, Paola, Lorena e incluso, Vanessa. Da igual, pudo haber sido cualquiera, pues su historia puede ser la de cualquier mujer, y probablemente también la de cualquier hombre.

“Karen llora en un bus” es una historia sencilla, sin muchas pretensiones más que las de contar lo que tiene que contar. Es lenta, realista y concreta. En su comienzo su facilidad puede ser aburridora pero poco a poco la historia empieza a deslumbrarse.  

Triste y callada, Karen decide dejar de ser lo que es. Su forma de vestir, su corte de cabello, su manera de expresarse, nos lo dicen. Una mujer encerrada en sí misma, y para ser sinceros, una mujer sin vida, con un marido complaciente, en una casa cómoda y limpia, donde su verdadero espíritu está preso.  

En esta película no hay grandes acontecimientos, más que las del corazón y las del ser. Aquí no hay armas, más que las palabras, los gestos y las ganas; no hay violencia, más que la de matar la felicidad o la de sentirse despreciada e ignorada. 

Tal vez Karen alguna noche sin poder dormir pensaría en qué momento su vida terminó convirtiéndose en una monotonía absurda y vacía, y en una difícil noche también decide reescribirla. Sola, con su maleta a cuestas y con poco dinero empieza su vida desde cero. Recorre una ciudad extraña, busca un empleo -que entre otras cosas la película expone la odisea del desempleado colombiano- hace una amiga y conoce otro hombre.

Sin duda alguna, una película existencialista que recorre de manera natural la vida de esta mujer. Y para contarla, la cámara se convierte en su principal testigo. La sigue sigilosa y hasta podríamos decir, cariñosamente.

Esta película colombiana nos da un respiro. No hay disparos, ni sangre. En ella vemos contada nuestra cotidianidad, esa que para muchos directores ha pasado a segundo, tercer o cuarto plano, y han decidido vernos y mostrarnos como lo que todos los días anuncian los medios de comunicación, guerrillas, paramilitares, corrupción, desplazamiento, etc.

Esta es la historia de las miles de Karen que no se conforman con la casa, el matrimonio y los hijos. Que no creen en los cuentos de hadas y que luchan por lo que quiere. Esta es la historia de cualquier mujer emancipada.

martes, agosto 09, 2011

Un film que vaga entre la denuncia, la originalidad y lo comercial

“Flor del desierto” (Desert flower) de Sherry Hormann

Por Vanessa Cantillo Mosquera

Empieza la cinta y un espectáculo se muestra ante nuestros ojos. Una fotografía excepcional describe el paisaje de Somalia, el gran desierto donde habita la flor y el rebaño de ovejas que ella pastorea. El aire, el amarillo del suelo, el cielo y las ropas que la envuelven conjugan perfectamente, creando una armonía que pareciera no tener quebranto alguno pero la Flor del desierto también tiene espinas.

“Flor del desierto (2009)” es la historia de Waris, una chica somalí que huye de un  matrimonio de conveniencia y vaga varios días por el desierto para llegar a Mogadiscio. Allí su abuela decide enviarla a trabajar a Londres como sirvienta en la casa del embajador. Al estallar la guerra y ser cerrada la Embajada, ella decide quedarse ilegalmente en ese país, y aunque con problemas con el idioma, consigue un lugar donde dormir y un empleo en restaurante de comidas rápidas. Un día su belleza llama la atención de un reconocido fotógrafo y empieza su camino en el mundo de las pasarelas y la moda. 

Pero ese no es todo el cuento. Entre el choque de culturas, el abrupto cambio de país, la asimilación de sus creencias y las nuevas costumbre, y el devenir de la fama, Waris como víctima de la mutilación genital femenina -una práctica común en los países africanos vigente hoy en día- la denuncia y consigue exponer el problema a nivel mundial.

“Flor del desierto”, basada en el libro autobiográfico de Waris Dirie una mujer real que es encarnada en la película por la modelo etíope Liya Kebede, es una crítica a las costumbres de algunos países africanos. Es una historia sobre la castidad obligada o la ablación genital femenina. Una historia dura y violenta e injusta pero que a su vez llega a convertirse en un cuento de hadas.

La película muestra una cultura donde la naturaleza de la mujer y los sentimientos no valen nada, porque ellas están obligadas a perder partes de su cuerpo para no sentir. Un dolor que representa la humillación y el papel de la mujeres en aquellos países. En algún momento uno puede exclamar ¡No lo puedo creer! pues parecen cosas de otro mundo. No sólo las mujeres nos sentiremos tocadas con hechos como estos, si no cualquier humano con un poco de sensibilidad. 

Es un film que vaga entre la denuncia, la originalidad y lo comercial. No es muy única su forma de contar lo que pasa. El abordaje de la historia es sencillo: un comienzo, un nudo y un desenlace, digno de un cuento de hadas. Intenta ser original: le apuesta a la fotografía y a la música para tratar de serlo, para sobresalir y alejarse de los estereotipos del melodrama de Hollywood pero no lo logra. Lo que sucede es claro y conciso, y sabes dónde va a acabar. 

Los personajes secundarios son pocos creíbles y ayudan a encasillarla más como película de/para taquilla, no es tan descabellada esta idea siendo que está basada en un best-seller, como la representante de la agencia que cree que todo es gracias a ella y que simplemente quiere sacar ganancias; el personaje famoso, en este caso el fotógrafo que descubre un nuevo talento; y la amiga. Pero hasta el enamoramiento de la protagonista es inverosímil

La película queda suspendida en ese limbo. Por mi parte, me hubiera gustado que la historia fuera tan real como la verdadera. Pero quizás la intención del director o del guionista fue darle al público algo fácil y entretenido que enfatizara la denuncia de la mutilación genital femenina. 


miércoles, abril 06, 2011

West Beirut, más que una linda historia

Los recuerdos felices del director Ziad Doueiri están ejemplificados en su obra West Beirut gracias a la distancia y el tiempo.

Los personajes principales, Tarek y Omar viven en Beirut Oeste, el lado musulmán de la ciudad, son primos y van a la misma escuela. Cuando estalla la guerra del Líbano se sienten felices por no tener que ir más a la institución francesa que tanto los reprime,  ignorando la tragedia que se avecina, en la que sin duda alguna, ellos se verán incluidos. 

Esa ficción de los recuerdos de la niñez que se nos muestra con las actuaciones de los dos chicos, es la historia linda, que nos atrapa y nos entretiene, pero a su vez esta queda soportada con la visión de los adultos que es totalmente contraria y que funciona como rememoración de los hechos y dentro del mismo relato es el choque que tienen Tarek y Omar con la dura situación.

Luego aparece María, una chica cristiana que se muda al vecindario, quien dentro de la narración ilustra de manera clara y precisa los problemas religiosos y fundamentalistas del Líbano.

Sin duda alguna, West Beirut es una eficaz historia para hablar de guerra, amistad y recuerdos, que inteligentemente combina imágenes de diversas posiciones, como la de los adolescentes, adultos o las de archivo que actúa como testigos de la memoria colectiva para decirnos esto fue y es así sin ver una gota de sangre.