“Karen llora en un bus” de Gabriel Rojas Viera
Por Vanessa Cantillo Mosquera
Hay muchas Karen en Colombia, y por supuesto en el resto del mundo. Pero por qué Karen y no Claudia, Paola, Lorena e incluso, Vanessa. Da igual, pudo haber sido cualquiera, pues su historia puede ser la de cualquier mujer, y probablemente también la de cualquier hombre.
“Karen llora en un bus” es una historia sencilla, sin muchas pretensiones más que las de contar lo que tiene que contar. Es lenta, realista y concreta. En su comienzo su facilidad puede ser aburridora pero poco a poco la historia empieza a deslumbrarse.
Triste y callada, Karen decide dejar de ser lo que es. Su forma de vestir, su corte de cabello, su manera de expresarse, nos lo dicen. Una mujer encerrada en sí misma, y para ser sinceros, una mujer sin vida, con un marido complaciente, en una casa cómoda y limpia, donde su verdadero espíritu está preso.
En esta película no hay grandes acontecimientos, más que las del corazón y las del ser. Aquí no hay armas, más que las palabras, los gestos y las ganas; no hay violencia, más que la de matar la felicidad o la de sentirse despreciada e ignorada.
Tal vez Karen alguna noche sin poder dormir pensaría en qué momento su vida terminó convirtiéndose en una monotonía absurda y vacía, y en una difícil noche también decide reescribirla. Sola, con su maleta a cuestas y con poco dinero empieza su vida desde cero. Recorre una ciudad extraña, busca un empleo -que entre otras cosas la película expone la odisea del desempleado colombiano- hace una amiga y conoce otro hombre.
Sin duda alguna, una película existencialista que recorre de manera natural la vida de esta mujer. Y para contarla, la cámara se convierte en su principal testigo. La sigue sigilosa y hasta podríamos decir, cariñosamente.
Esta película colombiana nos da un respiro. No hay disparos, ni sangre. En ella vemos contada nuestra cotidianidad, esa que para muchos directores ha pasado a segundo, tercer o cuarto plano, y han decidido vernos y mostrarnos como lo que todos los días anuncian los medios de comunicación, guerrillas, paramilitares, corrupción, desplazamiento, etc.
Esta es la historia de las miles de Karen que no se conforman con la casa, el matrimonio y los hijos. Que no creen en los cuentos de hadas y que luchan por lo que quiere. Esta es la historia de cualquier mujer emancipada.
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