“Flor del desierto” (Desert flower) de Sherry Hormann
Por Vanessa Cantillo Mosquera
Empieza
la cinta y un
espectáculo se muestra ante nuestros ojos. Una fotografía excepcional describe
el paisaje de Somalia, el gran desierto donde habita la flor y el rebaño de
ovejas que ella pastorea. El aire, el amarillo del suelo, el cielo y las ropas
que la envuelven conjugan perfectamente, creando una armonía que pareciera no
tener quebranto alguno pero la Flor del
desierto también tiene espinas.
“Flor del desierto (2009)” es la historia de Waris, una chica somalí que huye de un
matrimonio de conveniencia y vaga varios
días por el desierto para llegar a Mogadiscio. Allí su abuela decide enviarla a
trabajar a Londres como sirvienta en la casa del embajador. Al estallar la
guerra y ser cerrada la Embajada, ella decide quedarse ilegalmente en ese país,
y aunque con problemas con el idioma, consigue un lugar donde dormir y un empleo
en restaurante de comidas rápidas. Un día su belleza llama la atención de un
reconocido fotógrafo y empieza su camino en el mundo de las pasarelas y la
moda.
Pero ese no es todo el cuento. Entre el choque de culturas, el abrupto
cambio de país, la asimilación de sus creencias y las nuevas costumbre, y el
devenir de la fama, Waris como víctima de la mutilación genital femenina -una
práctica común en los países africanos vigente hoy en día- la denuncia y
consigue exponer el problema a nivel mundial.
“Flor del desierto”, basada en el libro autobiográfico de Waris
Dirie una mujer real que es encarnada en la película por la modelo
etíope Liya Kebede, es una crítica a las costumbres de algunos países
africanos. Es una historia
sobre la castidad obligada o la ablación genital femenina. Una historia dura y violenta e
injusta pero que a su vez llega a convertirse en un cuento de hadas.
La película muestra una cultura donde la naturaleza de la
mujer y los sentimientos no valen nada, porque ellas están obligadas a perder
partes de su cuerpo para no sentir. Un dolor que representa la humillación y el papel de la mujeres en aquellos países. En algún
momento uno puede exclamar ¡No lo puedo creer! pues parecen cosas de otro
mundo. No sólo las mujeres nos sentiremos tocadas con hechos como estos, si no
cualquier humano con un poco de sensibilidad.
Es un
film que vaga entre
la denuncia, la originalidad y lo comercial. No es muy única su forma de contar
lo que pasa. El abordaje de la historia es sencillo: un comienzo, un nudo y un
desenlace, digno de un cuento de hadas. Intenta ser original: le apuesta a la
fotografía y a la música para tratar de serlo, para sobresalir y alejarse de
los estereotipos del melodrama de Hollywood pero no lo logra. Lo que sucede es
claro y conciso, y sabes dónde va a acabar.
Los
personajes secundarios son pocos creíbles y ayudan a encasillarla más como
película de/para taquilla, no es tan descabellada esta idea siendo que está basada
en un best-seller, como la representante de la agencia que cree que
todo es gracias a ella y que simplemente quiere sacar ganancias; el personaje
famoso, en este caso el fotógrafo que descubre un nuevo talento; y la amiga. Pero hasta el
enamoramiento de la protagonista es inverosímil.
La
película queda suspendida en ese limbo. Por mi parte, me hubiera gustado que la historia fuera tan real como la verdadera. Pero quizás la intención del director o del
guionista fue darle al público algo fácil y entretenido que enfatizara la denuncia
de la mutilación genital femenina.